Biografía:Nació el 3 de Enero de 1458 en Linares, Jaén, en el seno de una familia humilde. Gracias a la visita de un pariente lejano, viajó a sus 12 años a Salamanca, ingresando en un colegio teológico y posteriormente en la universidad, donde se destacó como un alumno aventajado de prodigiosa memoria. A los 22 años, abandonó el noviciado de la órden franciscana, acogiéndose desde entonces a ese hábito como fraile. Viajó a París en 1499, donde coincidió con Erasmo de Rotterdam, del que quedó profundamente impresionado como ejemplo de religiosidad y humanismo razonado. En la capital del Sena entró en contacto con la obra de otros humanistas como Nicolás de Cusa, Petrarca o su coetáneo Tomás Moro. Su afán conversor y su profunda espiritualidad, le llevaron a la recién conquistada Granada, dónde durante unos años se dedicó a impartir clases en un seminario y a predicar la conversión de los moriscos.
Sin embargo, sintiendo que se desviaba de la doctrina de San Francisco, hizo voto de pobreza, refugiándose en una ermita cerca de Iznalloz. Allí recibió la visita del viejo señor de Colomera Fernán Alvárez de Toledo, el cúal quedó tan impresionado por la espiritualidad del monje que le propuso hacerse cargo de la parroquia y escuela del pueblo. Pese a sus recelos, aceptó. Allí, impartió clase a los hijos de los colonos y a algunos moriscos conversos. Entre aquellos zagales, un joven llamado Alonso de Diego ejerció de criado y paje del monje, a cambio de sus enseñanzas. Vivió en Colomera hasta 1513 cuando, a sus 57 años, peregrinó a Santiago y murió de un infarto en la cuesta del Vallejo, a la entrada del pueblo. Fue enterrado, según testigos, en olor de santidad. En 1536, el conde Alonso de Diego mandó tallar en su tumba una inscripción "fidelis deo servo, requiescast in pace".
Semblanza:Fray Lucas de Linares es un hombre docto y sabio, observante de la regla franciscana y defensor de la pobreza de Cristo. Humanista, gran lector y dotado de un especial interés por la pedagogía. Su estampa, la de un anciano calvo de larga barba blanca y de poca estatura, así como su generosidad y entrega para con los feligreses y los pobres, le ganaron el apodo de hombre santo. Sus únicas flaquezas, quizá, eran la falta de sueño debido a sus intensos estudios y su ideal de pobreza, que a veces le valieron las miradas reprobadoras de otros sectores de la iglesia.